Éste fue un proyecto en equipo que consistía en hacer un mural fotográfico de medidas grandes para que el trabajo consiguiese impactar a primera vista por el tamaño además del impacto que debería suponer el contenido.
Nuestro trabajo consistía en unir cajas en progresión de tamaños, de mayor a menor, con imágenes pegadas en su interior.
Estas fotos iban colocadas de manera que en la caja más grade estuvieran las que representaban al grupo de los niños, las segunda caja estaba dedicada a los adolescentes, la tercera a los adultos y por último, las más pequeña, a los ancianos.
La caja que representa a la infancia estaba abierta por el lado en el que no se une con la siguiente para que el espectador pudiese asomarse y mirar en su interior (el interior estaba iluminado por linternas) para encontrarse las distintas fases de la vida y encontrarse con la sorpresa de que en el fondo de la última caja había un espejo que le reflejaba.
La intención de este espejo era hacer al espectador pensar sobre su destino, dicho de manera un tanto filosófica y dramática.
Toda la obra estaba cubierta por una sábana negra para que al asomarse el espectador se viese solo frente a la obra y tuviese que enfrentarse a ella sin distracción.
Buscábamos que la obra fuese distinta para cada uno, porque el espectador en el momento en que tiene la curiosidad de mirar en el interior de las cajas, formaba parte de ella.
interior de la caja mural fotográfico
exterior del trabajo


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